El pelo no se le movía con el viento. Más bien el viento se movía con su pelo. Así de linda era.
Se llama Natalia, Tatiana, Liliana o algo así, tiene uno de esos nombres que suenan igual y diferente al tiempo, como si fueran palíndromos, pero eso no importa.
Siempre pasaba cerca de mi, a sólo unos cuantos centímetros. Alcanzaba a oler su aliento. La brisa me abofeteaba con el aroma de su boca.
Después de dos días de pensar en las palabras perfectas me le acerqué centímetros antes de que comenzara a alejarse, la tomé de la mano y abrí los labios. Nada salió.
- ¿Estas bien? – me dijo.
- Si.
- ¿Quieres decirme algo?
- Te lo acabo de decir.
- Yo no oí nada.
- Pero llevo mucho tiempo diciéndotelo. Cada vez que pasas por acá te lo digo.
- Yo no he oído nada.
- Entonces, no tenemos más de qué hablar.
Nunca volvió a oler a lo mismo. |