Cansada estoy de tus vestigios
que por amarte y esconderte,
me atreví a soterrarte en mi alma.
Y a gritos de llanura y templanza,
acaecí en tus mientes serena y mansa
Con una sonrisa fiera y amarga
te protegí de la locura que me arrastraba,
sin más designios que los residuos de tu alabanza
Y aunque admiraras mi compostura
doliente y cauta.
No fue sino la tortura,
la única cordura que te cortejara
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