No quiero apoyarme en ti,
como una desvalida sin nombre y sin aviso
No quiero que tu voz sea mis muletas
Ni tus brazos mi merecido cariño.
No quiero despojarme de mi tristeza
Con frenados auxilios y el reclamo sostenido
No quiero que tus manos sean mi refugio
Mi asilo, mi sala de espera, mi vino
No quiero verte y sentir vergüenza,
Por mis ojos y su limpia prueba
Que en mi la alegría se renueva
Cuando tus ojos le dan cobijo
¡Pero quiero ungirte de caricias
quiero sonreírte sin condenas
esperarte llenita de estrellas
bajo las sábanas ardiente y febril doncella!
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