Me estoy largando. He tomado el camino empedrado y angosto, el que tiene cactus y silencios en sus recodos. Aquel de un solo sentido y muchos sinsentidos. Ese que se difumina al volver la mirada hacia atrás. Pero, yo sólo seguiré el camino empedrado, hacia adelante, hacia donde me lleve. Nada me detiene. Nadie. Nada. Nadie. Por eso me estoy yendo. Regreso a casa. A esa vacía morada con nostalgias de hogar. Regreso al sol de invierno, a la noche asaltada por estrellas, al viento que borra rastros, al umbral mismo de las quimeras. Vuelvo y pareciera que apenas llego. Me estoy largando. Parto hoy. Me llevo conmigo. A nadie más. Sólo voy yo como cuando salí. Y no es egoísmo: es sólo mi manera de entender la fidelidad.
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