Te abres paso entre turbias marejadas que tus huellas logran aquietar con su intervalo.
Te percibo pausada, casi ausente, como si volvieras de recuerdos de los que yo aún, no he regresado.
Tu mirada de mar cuenta segundos con diminutos caracoles.
Tu belleza y tu juventud descifran mi nostalgia
mientras, con una sonrisa, dibujas silencios
sólo para desnudar tus sueños.
Desde tus ojos vuelvo a los míos por un puente tan sutil, como aquel que nos unió hace años.
Te miro.
Eres tan parecida a tu padre, que no puedo dejar de amarte por duplicado.
© Cristina Chaca
|