Cuando no pasa nada, pasa de todo.
Entonces necesito pedirte que te escuches.
Es que ando harta de barrer las sombras que me dejan tus palabras.
Ni bien me asomo a ellas, vislumbro tus fantasmas;
quedo entonces capturada en otra historia
y no quiero, no me gustan los reemplazos.
No cruces el umbral, no embarres mis silencios,
si no tienes qué decir, no digas nada.
Me ensordece tu monólogo
y ese sórdido viaje que he decidido no hacer.
Calla.
Escucha el vacío, él te habla.
No maltrates la magia, no lo hagas.
¿Puedes, acaso, ofrecerme una mejor religión?
© Cristina Chaca
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