He matado al papel
lo he ido desangrado
poco a poco
noche y día
hasta que su
blanca cadavérica tez
no pudo exhalar
ni una palabra más.
Lo maté, sí señor !
(y no me arrepiento)
le clavé la piel
con un punzón de carbón
una y otra vez
con saña y repetición
hasta escuchar el crujir
de su corazón
por no dejarse arrancar
ni una palabra más de mí.
.. entonces tomé
su cadavérico níveo cuerpo
entre mis manos
lo apreté, hasta exprimirle
la última lágrima de tinta
y lo arrojé sin ninguna
contemplación
hasta el fondo
de una fosa común!
(que guardo en mi habitación)
adonde fueron a parar
todos los demás papeles
que asesiné por falta
de inspiración.
|