Mi hermano nació en 3 de octubre de 1975. Siempre ha sido un tío seco, serio, poco amigo del descojone en general, y ya de crío apuntaba a ese carácter férreo y continuamente malostiado.
Un mes y diecisiete días después, mi madre, primeriza entonces, con apenas 19 años, andaba preocupada porque el niño en todo ese tiempo jamás había sonreído. Mientras cocinaba en en cuchitril insalubre de la Ventilla donde habían podido arrancarse una vivienda, escuchaba las noticias en la radio.
"Españoles, Franco ha muerto". Este era el titular de aquel 20 de noviembre de todos partes radiofónicos. Mi madre, aunque asustada ante la incertidumbre de entonces, corrió entusiasmada para contarle la noticia a alguien. Pero en aquel momento nadie más había en la casa, al margen del hierático neonato.
"Albertito, que se ha muerto Franco por fin hijo".
Cuenta la leyenda familiar, que aquel niño empezó a descojonarse por primera vez en su vida. |