No prometo quererte hasta la muerte.
Sólo prometo quererte e intentaré quererte
el tiempo que me queda de vida.
Cuando te hablo de amor,
nunca te menciono las palabras “por siempre” o “para siempre”
prefiero decirte todos los días “buenos días” con eso me basta.
Lo que más me gusta de ti, es tu risa,
porque me espantan los malos pensamientos.
Quiero que seas un amor sencillo,
sereno y nunca espero que seas mi ninfa.
No quiero ser el centro de un amor embriagador
que te haga perder los sentidos,
dame mejor tu sonrisa y la dulzura de tus gestos.
Intenta decirme lo que sientes y calla si vas a herirme.
Al corazón no intentes dominarlo nunca,
él siente y al sentir te habla,
escúchalo porque su lenguaje son tus palabras
y actúa porque es el único que gana.
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