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Inicio / Cuenteros Locales / sol-o-luna / LA LEY DE LA GRAVEDAD. De la serie: LAS VOCES DEL SILENCIO. (Dedicado)

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LA LEY DE LA GRAVEDAD nº 6 de la serie: LAS VOCES DEL SILENCIO (Dedicado)


El destino de muchos hombres dependió de tener o no una biblioteca en su hogar paterno.
Edmundo D´Amicis (1866- 1908) Escritor italiano.
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-Verás, es un hombre increíble.- Le iba diciendo Logan a su joven amiga mientras se aproximaban a la casa.- Es aquí ¿Estás preparada?
-Sí, estoy preparada.- Contestó la chica después de haberse dado un rápido repaso visual.
Logan dio unos pequeños golpecitos en la puerta y al poco pudieron oír un: Ya vooooy.
-Hola abuelo.
-Hola Logan, veo que vienes acompañado.- Dijo el señor Costa mientras les sonreía a la vez que acababa de abrirles la puerta.
-Sí, y muy bien acompañado, abuelo, se llama Daila.
-Hola, su nieto me ha hablado tan bien de usted que no me ha quedado mas remedio que venir a conocerle.- Dijo Daila dirigiéndose al señor Costa extendiendo la mano a modo de saludo.
-Aunque sea un viejo, me puedes llamar de tú si lo prefieres.- Le dijo el antiguo guardián de los libros prohibidos a la chica antes de darle un beso en el dorso de la mano, cosa que hizo que a ella le subiesen un poco los colores.
-Si me deja, prefiero llamarle abuelo.
-Como quieras ¿Daila? Es que ahora os ponen unos nombres tan raros.
-Los tiempos cambian y cada generación quiere tener su sello de identidad.- Dijo Logan.
-Sí hijo sí, y hacéis bien. ¿Os apetece beber algo?
-Si, no estaría mal, aunque en realidad hemos venido para otra cosa ¿Verdad Daila?
-Sí, hemos venido para otra cosa.- Dijo la chica con una sonrisa divertida.
-Vosotros diréis.
-Es que he intentado explicarle a Daila alguno de los cuentos que tú me explicas pero… creo que no paso de ser un simple sucedáneo del original.- Dijo Logan.
-Ja, ja, ja, que raro ha sonado eso.- Rió el señor Costa.
-La verdad, a mí no me parece que lo haga mal, pero él dice maravillas de usted.
-O sea que vienes a compararnos.- Afirmo divertido el abuelo.- Y háblame de tu.
-¿Qué tal si nos explicas uno de esos cuentos del libro de cuentos prohibidos que tanto me gustan? - Preguntó Logan.
-De acuerdo pero porque has venido acompañado que sino....
-Gracias abuelo, sabía que podía contar contigo.
-Gracias señor Costa, digo abuelo.- Dijo Daila que ya estaba empezando a pasárselo bien.
-Dejémonos de formalidades y vamos a por lo que en realidad habéis venido. Mmmm dejarme pensar un momento, si, creo que ya lo tengo ¿Me ayudáis a llevar todos los libros de la sala al estudio? Los chicos se miraron extrañados pero hicieron lo que el señor Costa les pidió.-Gracias, ahora si que os lo puedo contar. Poneos cómodos, sí, yo en medio.
El cuento se titula: LA LEY DE LA GRAVEDAD.- Dijo el abuelo mientras se acomodaba entre los dos jóvenes en el cómodo sofá que estaba en un extremo de la sala.

...La biblioteca del pueblo poco a poco se había ido deteriorando, le hacía falta una, que digo una, un montón de capas de pintura. El polvo se iba adueñando del lugar al igual que las telarañas que adornaban tanto las altas lámparas cómo el techo dejando unas vistas formidables a sus constructoras.
Algo tenía que suceder para que cambiara la situación, y sucedió…

...La ley de la gravedad hizo una excepción y aunque tenía pactado desde el principio de la escritura que la tinta impresa sobre el papel quedase en él mientras ningún líquido la mojase o ningún agente externo lo impidiese, aquél día actuó diferente dada la gravedad del asunto. Pero vamos al grano.- Les dijo el señor Costa ya puesto en el papel de gran contador de cuentos, a los dos jóvenes que le escuchaban atentamente.

...Fue ese mismo día, el joven Dante, uno de los pocos habitantes del pueblo que frecuentaba la biblioteca, entró en ella dispuesto a elegir algún libro sin saber que sería el último. Todos querían ser el elegido pero el chico sólo podía coger uno. Se tomó su tiempo, recorrió uno por uno los pasillos. Sus manos acariciaron más de un lomo, sus ojos leyeron más de cien títulos, hasta que al final eligió uno de aventuras y abandonó la biblioteca dejándola en absoluto silencio después de cerrarla con la llave que tendría que devolver al ayuntamiento. Al poco de restablecerse de nuevo la triste realidad en la biblioteca, un libro de cuentos fantásticos no pudo aguantar más y gota a gota se le cayeron las letras del índice, más tarde las de la primera hoja y así sucesivamente hasta las tres últimas letras que daban por acabado los cuentos de aquel libro. Parecía cómo si se hubiese puesto a llorar lágrimas negras ¿Era el principio del fin de la biblioteca? El libro hizo un nuevo esfuerzo intentando que las letras se pusiesen de nuevo en su lugar, pero no lo logró, las letras se pusieron donde les vino en gana desbaratando cualquier palabra coherente. El libro finalmente se dio por vencido y la tinta resbaló hacía abajo nuevamente dejando un charquito que empapó parte de la estantería. Era peor que ver una triste sopa de letras derramada ya que no se diferenciaba nada de nada en ella, sólo el negro color de la tinta. Inmediatamente después, al libro que estaba a su lado le empezó a suceder lo mismo. ¿Que sentido tenía que todas aquellas letras estuviesen bien ordenadas unas encima de las otras sin que nadie se aprovechase de los conocimientos que aquellos textos podían proporcionarles a las personas? Estaba empezando a ocurrir algo parecido al efecto dominó. Poco a poco y correlativamente la tinta de todos los libros se iba escurriendo de las hojas. El negro color inundó el suelo de toda la biblioteca. Parecía un mar contaminado, lleno de letras muertas y convertido en un mar de ignorancia. La ley de la gravedad estaba actuando de forma rotunda y sin contemplaciones pero la situación dio un giro inesperado. El día había sido muy triste, la noche aún lo sería más. Quiso la fatalidad que se quemara la casa vecina a la biblioteca, la misma que compartía pared con ella. La gente se pensó que los libros se perdieron por el incendio, pero antes de él ya estaban muertos.
Pocas personas echaron en falta la biblioteca, total si nunca la hacían servir.
Dante hizo una escultura en la que unos niños jugaban con libros puestos a modo de barquitos de papel sobre tinta azul dando a entender lo bien que él se lo había pasado leyendo libros. La colocaron justo al lado dónde ocurrió el desastre y de momento eso fue todo....-Continuo diciendo el señor Costa.

Dante guardó el libro que se salvó del incendio como si fuese oro.
El tiempo fue pasando. Sólo habían sobrevivido los cuentos que las personas mayores contaban a los niños antes de que se acostasen.
A Dante sus hijos le habían convertido en abuelo, y cuando eso sucedió se dio cuenta de que empezaba a perder la memoria. Fue entonces cuando tomó la decisión de escribir sobre papel los cuentos que recordaba.
Cuando llegó la hora en la que sus nietos pedían cuentos antes de ponerse a dormir, él ya había juntado una buena colección y no sólo se había entretenido en escribirlos de su puño y letra, también los había acompañado de bonitos dibujos que hacían más fácil la comprensión de los niños.
Los nietos de Dante hablaron en el colegio tan bien de los cuentos de su abuelo que al final éste tuvo que no sólo ir a la escuela a enseñarlos, sino también a contarlos. El éxito que tuvo en el colegio fue tan grande que pronto decidieron hacer un taller. En él los niños con la ayuda de la profesora y del propio Dante hicieron una biblioteca no sólo de cuentos de siempre, sino también de cuentos inventados por ellos. Ahora se les podía ver mucho más contentos que antes de que el pequeño milagro sucediese, no sólo pintaban y escribían, también ponían alas a su imaginación que para los niños es fundamental.

Paso el tiempo, Dante ya había fallecido pero los nietos de éste estaban muy orgullosos de él.
Aquel día fueron con sus hijos a la inauguración de la nueva biblioteca del pueblo y lloraron los dos cuando destaparon la placa en la que podía leerse: BIBLIOTECA DANTE. Una vez dentro de ella se dirigieron hacia la sección de cuentos infantiles dónde sabían que encontrarían los cuentos escritos y dibujados por el propio Dante.
A partir de aquel día el pueblo empezó a culturizarse progresando más rápido que en años anteriores.

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-¿Qué os ha parecido? – Preguntó el señor Costa.
-Abuelo…
-Sí, ya se lo que me vas a preguntar, Logan. El por qué de que éste cuento esté en el libro de los cuentos prohibidos ¿No es así? – Logan asintió con un leve gesto de cabeza.
-Pues veréis, es que la enfermedad de la tristeza de los libros es muy contagiosa.- Dijo el abuelo.
-Y, es por eso que hemos llevado todos los libros de la sala al estudio, para que no nos oyesen.- Dijo Daila.
-Veo que eres astuta, mujercita y aunque en mi casa todos los libros están bien atendidos, no me gustaría que oyesen historias tan tristes.- Comentó el señor Costa.
-Bueno, le puedo decir que me lo he pasado de maravilla oyéndole contar el cuento. Logan, cada vez que tu abuelo te vaya a explicar uno nuevo prométeme que me lo dirás para que pueda estar presente.
-Si el deja que vengas a oírlos.- Dijo Logan.
-Jovencitos a mí no me metan en sus conversaciones, que para eso son suyas.

Ja, ja, ja, los tres acabaron riéndose de la situación mientras volvían a colocar los libros de la sala en sus respectivos lugares.
Mas tarde los dos jóvenes salieron de la casa del abuelo y de la mano tomaron el camino de vuelta sin dejar de comentar la historia que les acababan de contar.

Texto agregado el 26-11-2005, y leído por 338 visitantes. (11 votos)


Lectores Opinan
2006-06-24 16:09:18 uy... que hermosura de cuento!!! Eso de que gota a gota lloraron los libros todas las letras... me encanto! 5* aruald
2006-06-24 13:12:58 Excelente ***** SorGalim
2005-12-12 11:02:59 No entiendo que ha pasado con tu cuento...un susurro. (yo no veo nada) susurros
2005-12-08 14:53:27 mmmm que ha pasado con tus cuentos???????????? Soy_Naixem
2005-12-02 12:40:01 el silencio es una ley instranponible de cualquier grito se desminuye si tu poesia mis cinco ***** Juan_ Juan_Poeta
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