Descansas, al fin, tendida en el horizonte.
Contemplas lo que nunca existe.
Las olas acarician tu espalda y lloviznan orquídeas silvestres.
Habitas el sistema solar, desteñido y cervical.
Caminas música sin sal, ardiente de espuma.
Quieres despertar los muertos, los ángeles sin hogar.
Construir una balsa, llenarla de mar.
Los días nacen y mueren en ti, Casiopea insular.
Porque fragmentan los volcanes de tu hilo de caimán.
Alfayate terroso que siempre le grita al sol.
Y sin embargo descansas siempre al alba lunar.
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