TRÁNSITO CCII
Antes del almuerzo
Sus padres, en aquella época discutían con harta frecuencia. Aquel día habían comenzado a comer. Apenas se habían sentado en la cocina, ante la comida dispuesta, saltó la chispa. De repente el padre se convirtió en un demonio rabioso. Las voces, los gritos, los improperios ampliaban el vendaval.
Los dos niños enloquecidos rogaban a sus padres que no siguieran discutiendo. Ya los cuatro se hallaban en pie. La bronca se prolongaba. Las viandas abandonadas se enfriaban con el aire triste de los objetos olvidados.
Como era usual , la escena continuaba por las demás dependencias de la casa y según esta costumbre los diablos abandonaron la cocina tras un fuerte portazo. La hermana mayor temerosa de alguna violencia posible corrió tras ellos dando un nuevo portazo.
El niño quedó sólo. No comprendía la rabia de sus padres, no comprendía las palabras o el sentido de algunos gestos bruscos y sutiles pero miró la cocina y sintió cierta falta de armonía.
Por ello cuidadosamente como si temiera producir algún ruido o que el ruido producido se mezclara con los que llegaban del fondo de la casa y con ello se forjara un ruido híbrido y terrible, volcó una a una las cuatro sillas y así contempló el paisaje del caos.
Ahora los objetos y las emociones habían acoplado los ritmos.
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