Música jamás oída (a Pizarnik)
En la cavidad de la montaña
Resuena el llamado del viento.
Oscuridad sagrada,
Desdicha latente,
Fácil para el corazón
Perderse en penumbras,
Recorriendo las lágrimas
Hasta cuando se era un no nacido.
Infinito terrenal,
La muerte.
Todas las noches la cueva nos nombra,
Y los pies siguen los pasos de viejos espíritus.
El pecho nos llama, hasta arrancarse el alma
Y sucumbir con ojos propios
Perdiéndose en el resonar de la fría brisa.
Queda de la vida el propio silencio,
Estar aquí en silencio
Sin música, ni espanto
Que no suene,
Palabras puras, sin sílabas ni adverbios
Adormecer, en verdad, los labios y oídos
Existentes solo para el viento.
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