Era libre, desde antes de que se enterara; por aquì solo vino de paso, me entrego petalos de su corta figura. Nunca podrè negar la necesidad de escucharla hablar de su Verdad por la vida. Era fràgil, mas no en su recuerdo, seguramente mis amigos simepre la recordaran. Fue sùtil en tiempo, mas no en espacio, este que ocupa en mi corazòn.
Hoy muriò Côrinha, mi voz, mi alucinaciòn con esta maldita pildora blanca, con 2 mg de risperidona. Sin embargo se que no se ira para siempre, sè que nunca estare solo.
|