Lo lamento.
¡Lo lamento tanto!
¡Lamento tanto
haber ido tan lento!
Ya no sé
cual es mi tiempo
ni mi espacio,
me he perdido en el desierto
de los folios en blanco,
de las cortinas tristes
de tejido ajado,
justo cuando podía
haber empezado
a ir más rápido.
Quiero vivir lento,
¡pero no tanto!
Lo siento.
Me levanto para irme
y sin embargo
vuelvo a estar sentado.
Me siento para descansar
y estoy corriendo,
pensando.
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