Rescátame, heroína de la luz inteligente
Aterriza en la isla de mis dolencias
Y sáname con tus dedos de anillos inocentes.
Baila conmigo odalisca del bronceado trigo
Y pacifica los incendios de mis libros
Con tu feroz caudal de agua achocolatada.
Auxílieme, señorita de la matemática
Reste, sume, divida todo lo que poseo
Incluso puede multiplicar mi truncada alma
Para que la seduzca cien por mil en un segundo.
Comparezca para salvarme del juicio imbécil
Que me han adjudicado los mentecatos,
Esos insanos seres de la barbarie camuflada
Que cargan solo mochilas de rencor en sus espinazos.
Ampáreme, orquídea de hilos morenos
Déme de su boca el salado perfume
Para nadar en halos de delgados labios
Y así saberme erudito en la natación de sus besos.
Socorra el pedazo de vida que me subsiste
Aquel jirón moreteado y yermo
Que por estos días duerme con pulmonía
Bajo los puentes más helados, obscuros y desiertos.
“…De la niña que apareció en mi camino”
Macrúz.-
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