Todas las artes poéticas son
un brindis,
la insidia del sol sobre las cosas,
un chungungo nadando de espaldas
o un poodle ladrándole al oleaje;
el boomerang que se juega sin pareja
y retorna a la mano que lo lanza,
qué sé yo: las calas azules,
los diminutivos áfonos, carantoñas y palabras soeces
del amante en el oído de su amada
(monedas para comprar una sonrisa u otra cosa),
o los predicadores evangélicos de los barrios bravos
(la hermosa voz que algunos tienen,
su curiosa obcecación).
Y en una tuba ridícula, más pesada
que una espada o un fusil
un anciano toca de pie, trabajosamente
melodías que no escuchan ni las palomas.
Germán Carrasco (Chile, 1971). Poema tomado del libro "La insidia del sol sobre las cosas" (1998) |