Me escondía en el aire frío de unos besos, sin principio y sin fin, y sin aliento.
Me fundía en un alma que ahuecada me dejaba lugar, junto a su pecho.
Me escapaba de la risa compañera y me arriesgaba a un saludo soldado en fuego.
Hoy me escondo en el recodo del camino que transito sin tropiezos.
Hoy me escondo del dolor, quizás hasta lo ahuyento.
Hoy me entrego, cubierta de tules y colores, al aire de la noche....que me espera.
Gabriela, 15 de diciembre de 2006
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