Un mecánico al cual los tornillos caen de su cabeza descubrió, descanso en algún libro de poesía de antaño, sus ojos alimentados por el verbo, la excitación concebía aquellas letras que ahora lleva en sus manos.
Embriagado por el revuelo de su ser
cansado de ajustar tuercas, ahora aprieta a la olvidada alma, para alimentar a las deidades que habitan en la sombra y al grasiento humano victima del monótono DIA.
Navega por las calles de la palabra escrita
todas la noches se cubre con un manto de letras que lleva siempre presente, ahora en su mesa reposa, los epígrafes como la herramientas de trabajo y su habitual vestimenta.
"Cambio su nombre para ser"
El Mecánico de las Urbes Humanísticas...
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