Finalmente en casa, después de un largo día de trabajo... docientas tres personas hoy. Era una larga lista que nunca terminaba de crecer.
Pero ya a estas alturas poco importaba. Ya no era lo mismo de aquellas épocas de juegos, en donde simplemente elejía al azar para ver quien caeria. Ahora era simple tradición diaria.
Con pesadez, se despojó de su equipo de trabajo y dejó que el peso lo llevara a sentarse en su camastro. Logró alcanzar unos cerillos y un cigarrillo, y casi que instintivamente lo encendió, ya fumaba varios, tratando de calmar una ansiedad sin fondo.
Observó su alrededor, un apartamento simplón, ni siquiera se había molestado en repintarlo, y lo dejó en un pálido blanco. Las sobras de lo que comió el día de ayer todavía reposaban en su mesa de vidrio.
Su trabajo lo hacía hacer algo en lo que ya no creía. No desde que Psique se fue, ya el amor no tenía la misma gracia. Ironía de la vida, trabajar en algo en lo que ya no crees, en algo a lo que no tienes tu derecho a disfrutar como los demás.
Sufrir, dando a los demás lo que ya él no tenía para sí: esperanza de un nuevo amanecer..... |