Nada desgasta tanto
como no poder gritarte
cuánto es que te quiero.
Las frases que se reconstruyen
mil veces en mi cerebro
jamás salen tan bien,
sino tengo clavados tus ojos.
Me voy cansando de vivir con tu sombra.
Reconosco en mi actitudes
deliciosamente enfermizas.
Caí y aún no hay quejas.
Y aunque sea cuestión de horas
bajarme otra vez del trapecio,
cada minuto lo saboreo eterno.
Sólo por no tener la certeza
de que todavía me acompañas.
Es que nada desgasta tanto
como no poder gritarte
cuánto es que te quiero.
Voy a seguir inmóvil e inconstante
hasta que tu sonrisa
se choque de nuevo con mis sombras
y podamos retomar o retornar.
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