Simplemente unos recuerdos, unos salvavidas que hacen que no me ahogue en mis lagrimas. Lo único que me queda de lo que fuimos y jamás seremos, de los vivimos y no viviremos.
Me aferro a ellos como al paraguas en un día de lluvia, porque mirando las fotos y leyendo las cartas, me vienen a mi mente tus te quiero y tus besos, palabras que no volveré a oír, labios que no volveré a sentir.
Saliste de mi vida igual que entraste, sin esperarlo. Fuiste como esa bocanada de viento que entra impetuoso cuando abres una ventana y que calma el ambiente de la habitación.
Y miro mi cama, testigo mudo de nuestros bailes de amor, que todas las noches hacían que soñáramos con una sonrisa en la boca, ahora tu bailas con otra y yo duermo en el sofá.
¿En que fallamos? El amor no fue medicina suficiente para esta enfermedad… Y yo sigo enferma, adicta a ti. Sigo oyendo tus pasos, notando tu presencia y oliendo tu aroma.
Me despierto y bajo la ducha mis lagrimas se confunden con el agua, por eso me paso horas echa un ovillo y pensando la manera de recuperarte.
Pero llega la oscura y cruel noche, donde me doy cuenta de que estoy sola, y que te quiero… Salgo al jardín y grito, grito tu nombre…. Hasta hoy no he obtenido respuesta.
|