Miraba a mi prima de 7 años y en ella veía ciertas ilusiones que también tuve a esa edad. Ella jura la existencia de los príncipes azules de las películas animadas, que a la tierra se la debe cuidar, del amor eterno, que nunca saldrá a fiestas sola y que todo es posible en esta vida. Al escucharla lo primero que se me viene a la mente es la palabra “ilusa”, sí, esa es, porque basta que en unos 6 o 7 años más, se vaya dando cuenta de cómo son las cosas y que cuesta remar contra la corriente. Sería genial que no cambiase, que crea en todas esas utopías que me comenta, donde no hay desigualdad económica y todos los niños junto con sus familias son felices. Ojalà pudiese conservarla dentro de una burbuja y que no se contamine cuando vaya creciendo. Es que pareciera que a medida que se le agregan velas a la torta de cumpleaños, uno se va degenerando y perdiendo la convicción en sus buenas intenciones y se contagia de la desesperanza. Querida Carolina, me reflejo en tus pensamientos pero déjame contarte que lo infantil se queda en el pasado y muy pocos lo traemos al presente. |