Me empuja el fonema
a decirlo con pena:
florece el poema,
por dentro se quema.
Me piden permiso
las sombras pasadas
para reírse
en mis entrañas.
Mi cuerpo sangrante
se tiende cansado
sobre la hoguera
que habrá de abrazarlo.
Un canto no basta,
no basta un silencio,
tan sólo la rima
que bebo despierto:
el verso está triste,
el pasto asolado,
tu risa inflamable
se pirde en el lago.- |