En mi memoria tu recuerdo germina con la costancia de la malayerba,
que con el menor rayo de luz
que se filtre en este corazón maldito,
abre sus brazos casi inertes...
y me incorporo lentamente,
escruto las sombras,
buscando con vanos esfuerzos aquello
que sé que no regresará
cuando tu recuerdo asemeja a las horas de un reloj que no camina,
detenido siempre en un instante, como el beso nunca dado,
como la caricia marchita en la mano que se cansó de esperar...
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