Siento herir las sensibilidades de cristianos, católicos y practicantes acérrimos pero vengo aquí a declarar lo ingrato del rito cristiano de la misa fúnebre. ¿Qué buscan ustedes, señores del bien, cuando se reúnen para “orar por el alma” de un ser querido? Primero deberían de pensar si en realidad lo han querido alguna vez. Si es así, él no estaría de acuerdo en que sus seres más amados se junten a sufrir por su causa, sin merecerlo, sin buscarlo. O quizás, ¿es que intentan lavar sus propias conciencias con este lamentable, inútil y doloroso acto?. Si ustedes de verdad, han sentido amor por alguien sabrán que no hay sentimiento más desagradable que el saber que estás dañando, directa o indirectamente, a la persona a la que quieres. Piénsenlo.
El día que la todopoderosa fatalidad venga a buscarme no quiero misas. Me conformo con que cuándo la gente me recuerde diga :¡Ay don Fulano, que buena gente!. Prefiero eso a mil flores en mi lápida.
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