Decidí untar el espeso líquido sobre mi cuerpo, luego de arrancar los vendajes que lo cubrían.
No es el dolor lo que me inquieta, pues ya no lo siento, sino más bien esa sensación de que algo se echó a perder. Algo permaneció demasiado tiempo en un lugar y simplemente se descompuso, despidiendo un aroma inconfundible, el mismo que destilan los corazones rotos, como esta muda melodía que sale de mi boca.
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