No, una dulce pero extraña palabra. Nunca creí que con ella podían ocurrir tantas cosas simultáneamente. En el momento en que besó mis labios, se doblaron mis piernas y caí sin remedio. Me retiré del juego y quedé absolutamente solo, en paz. Ella se había ido sollozando, temiendo la profundidad de la oscuridad, o talvez de su soledad. Mujer maldita, en el momento en que me tocaste conocí el amor pero también el hambre de soledad, el hastío que te produce una mujer y la tristeza verla partir, una insignificante palabra me llevó al final de ese suspiro de ilusión. |