Y es de un tal leo sin anclas.
Mar de arena escarabajo,
puntas celestes de mirar cortado,
ven aquí y revienta pronto
que esta epidermis ya no sana,
busca heridas pero no quieras llantos,
ataja pronto el dolor partido,
haz que truenen soles y amanezcan lunas.
Tú, que bien sabes abandonar sin dejarnos,
vuelve a rozar mi oído,
Y más que cerca, una noche mírate mudo,
encontrarás mil ojos a tus lados.
Destellos de oro entreabiertos,
surten de brillo la sombra de tu insomnio.
Bolas de viento cruzan el puente,
sábanas volando han de reír contigo.
No vuelvas a girar sobre tu olvido
y ahoga en mí lo que llevas puesto.
|