El ser a quien llaman dios, no es más que el tiempo minúsculo, no es más que el tiempo eterno y quieto, ese presente en cualquier acción, incluso abstracta. El ser a quien llaman dios es el tiempo nuestro, inmerso en cada uno de nosotros, que hacemos de él lo que se nos plazca, dioses somos de él y no él de nosotros. Detenido por la esfera infinita que lo envuelve, de la que somos su interior, tiempo tuyo y mío, dioses tuyos y míos, dioses nosotros, ilimitados de tiempo. |