EL ÁNIMA
Si pelar pudiera un árbol
sin herirlo,
despegarle aro a aro hasta la médula,
año a año,
a su máxima ternura
para luego restaurarlo,
vería su ánima
blanca y pura,
como historia de niño.
Si pudiera ver al ser humano
sin herirlo
aro a aro,
año a año,
hasta su ánima blanca,
hasta su primera infancia,
para después restaurarlo...
En la piel da cada aro
su historia impresa estaría
y en el envés,
la blancura transferida
desde el ánima,
amarilla,
impregnada por la piel,
por su historia,
por su vida.
Ni los troncos
de los árboles son huecos
ni las caras de la gente;
que tenemos
una historia desde el ánima.
Somos,
TODOS,
blancos por dentro.
Un obsequio para Dana del Valle (India)
|