A las seis serpientes de acero, que adornan mis manos, y se cuelgan de mi cuello... chamullan con mi alma... fluctuan... serian capaces de despertar la gran tormenta, y saciar la sed de cualquier sahara... de cualquier infierno, ...de cualquier puto desierto...
(a las 2:30am de un martes cualquiera, como hoy).
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