Allí viene la pálida cascada
de recuerdos,
soplando vientos fúnebres
en la templanza de mi piel.
Heridas que se hunden,
se desangran en el tiempo,
carcomiendo la utopía de
mi propia felicidad.
Me abraza la nostalgia,
trabajando lentos movimientos y
lozanas palabras.
Se nubla mi vista,
cae el altar de dolor.
El sollozo bellísimo del pasado
me besa entre telarañas.
Allí vienen nuevamente, pálidas,
cascadas de recuerdos.
Allí vienen,
frágiles,
despojando futuros.
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