Ahí estaba ella, concentrada en sus asuntos; tanto que no notó mi presencia. Me acerqué sigilosamente, con el arma empuñada con la mano derecha; invertí un gran cuidado en cada paso.
Cuando estuve cerca levanté el brazo con el arma y descargué el golpe brutal; su cadáver cayó ante mis pies.
Finalmente, recogí su cuerpo con la cara del matamoscas y lo eché a la basura. |