Tengo asco,
me duelen los ojos.
Hablar me da más hambre,
hambre de silencio
y observación.
Hoy he vomitado palabras,
y si sigo hablando
me saldrán oraciones bilis,
verdes, inmaduras,
sin sentido.
De verdad que tengo asco
y no me queda
nada por vomitar.
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