Tu mirada me eleva, y me sostiene en lo más alto.
Desde allí puedo verte tal cual eres, con tus virtudes y tus defectos.
Sin darme cuenta me reflejo en tu piel y la recorro hasta que mi agitación me sacude en el viento.
Veo tus ojos, tus manos, tus brazos, y ésa mirada que no deja de elevarme.
Veo tus risas y tus llantos, tus bondades y tus miserias.
Veo tu cansancio y siento ganas de ser tu cobijo, y que descanses en mí.
Ahí es cuando desciendo, tu mirada me trae de vuelta hacia vos, y volvemos a ser uno solo. |