Nada pude hacer para evitar aquello... aquel sentimiento que me devoraba como un pato que se come una galleta de pan.
Fue esa tarde en el zoológico... Cómo iba a evitar esos profundos ojos negros que me miraban como dos galaxias en guerra? Aquella forma de rascarse, como un animalito que se rasca... y sus ansias cleptómanas que crispaban sus pequeñas patitas en busca de mi sandwich de ñoqui.
Y entonces ocurrió, fue maravilloso, fue como prenderle fuego a Babrbie Ejecutiva y verla arder en una noche sin luna. Todas mis defensas flaquearon. Todo mi orgullo de mujer hermosa, todas mis ganas de comer pizza se desvanecieron en un instante.
Fue mi primer amor, mi primer gran amor.
Desde el momento que lo ví, supe que él era mío y yo era sushi. Y al darme cuenta de ello no pude más que asquearme, la idea de ser un cacho de pescado crudo me repugnó hasta lo indecible.
En ese momento lo odié, lo odié como el pobrero odia a la hamburguesía, como sólo se odia a aquello que una vez se amó.
Así que le tiré una pila, se la comió y se murió. Mapache de porquería! |