María la iguana
He visto a María la iguana acostarse con niños,
obligarlos a prostituirse para poder verse con ella.
Ella teje chompas para sus nietos
y anda recordando
que la adoraron, repudiaron, divinizaron , satanizaron, usaron y abusaron
a través de los 60 puntos del reloj
y, sin embargo, aún tú la ves
con su seguridad de matriarca inoxidable
de estrella subte.
Las mismas arrugas,
ropa de lana
y hasta voz de dueña de burdel
evaluando a sus chicas,
enseñándoles nuevos trucos,
nuevas poses.
Pero la misma calle sin alma.
Quién como ella;
paseó por Nueva York con Lennon,
buscó bellos maricas mexicanos junto a Ginsberg
y hasta dio la vuelta al mundo en 80 días.
(Cuenta todo esto en orgasmo femenino:
chispas, primero, explosiones volcánicas, después)
Ella muerde e inyecta bacterias pestilentes de sus dientes.
Al hombre le gusta ser mordido.
Es inteligente, lo sabe.
Y sabe que muchos morirán gustosos en sus faldas
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