Las palabras de humo
concibieron un fantasma:
Su humildad de sudario
se hundió en el pantano
como tragando granito inmortal
en una estrecha garganta.
Es el lamento de Medusa
a quien nadie quiere ver
por temor a convertirse
en piedra, por temor a
detener la vida en estátua
sin aliento.
Mira a su alrededor
y sólo vé siluetas
inmóviles de
antiguos aventureros
que desdeñaron
advertencias.
Mas ella sigue sola,
pagando con lamentos
su aislada vida de mármol.
Se asoma a su mágico
espejo y desea ser piedra.
Lo desea con fuerzas.
Abandona el movimiento
adquiriendo una sonrisa.
Cae el espejo al suelo
multiplicándose en
esperanzas:
Medusa ya está en paz.
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