Corrí hacia la calle, confundido, desesperado, abrumado por la incertidumbre que auspiciaba mi destino. Me encontré con un ojo. Comprendí que no hay una forma de ver la realidad ni un modo de enfrentarla.
Era mi ojo... ¿Cómo lo supe? Pues observé cómo miraba. .
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