Tus cosas
Abro los ojos, me siento y jadeo,
luego de un aterrador despertar,
para entrar a la más horrible
e inesperada pesadilla.
Están nuestras sábanas desordenadas,
nuestras cuentas atrasadas en el velador,
nuestra ropa sucia tirada en la esquina como siempre,
tus pelos en la almohada
y el reloj marcando las diez treinta y siete de la mañana.
Y tú, no estás, ni tus quejas al despertar,
ni tus efímeras palabras matutinas,
ni esa fragancia que tanto me gustaba.
Pero dejaste la luz del baño encendida,
la toalla colgada en la puerta
y el closet mal cerrado.
Y tú, no estás.
Te fuiste
y dejaste una nota
como prometiste.
Te fuiste, te hartaste.
Te fuiste y me dejaste tus cosas,
como la peor maldición de todas:
te fuiste
y me dejaste tus cosas. |