Gracias por visitar realidad. Vuelva pronto
Deambulaba yo confundida por ese laberinto de calles hasta que anocheció. Caminé por una calle llena de carros, gente, color y calor. Después había un camino con un letrero que decía: “Gracias por visitar Realidad. Vuelva pronto”.
“Buen nombre para una calle”, pensé, y caminé bostezando y bostezando…
Se me hacía tarde, pero no podía recordar para qué. La noche cayó sobre mí. Digo “cayó” porque hasta sentí que me golpeó la espalda. De hecho; todavía cargo un pedacito de noche atorado en mi tobillo. Nunca pude saber cómo se me pegó,¡Qué bien luce con sandalias negras!
Metí la noche en una cajita y pude ver mejor el lugar: pequeños arbustos lo cubrían todo, incluso mi cuerpo. Pronto no supe qué eran arriba y abajo, ni izquierda y derecha. Sentí que caía como una avalancha forestal. Revisé entonces la cajita de la noche y decía: “Este lado hacia arriba”, lo cual por suerte me devolvió la orientación.
En ese momento recordé para qué era tarde: mi novio me invitó a acampar en las montañas. Corrí y corrí tratando de salir de ese laberinto verde antes de que el deseo de quedarme allí por siempre se apoderara de mí. Ciertamente era un lugar hermoso con un olor a suave grama, perfecta, casi la sentía rozar mi cara.
Sin aliento cerré mis ojos, respiré profundo y me dije “No lo puedo creer”.
Al abrirlos me vi acostada en la tierra y oí a mi novio decirme: “Yo tampoco. Nadie aquí puede creer que no despertaras mientras rodabas por la colina”. Él y todos los demás montaron el campamento mientras yo soñaba en la colinita. Tal vez fue un minuto, pero sentí que caí durante horas y al despertar llena de grama, de tierra y de vergüenza le dije: “Definitivamente no sirvo para dormir al aire libre”.
Por cierto, el pedacito de noche sigue allí, ningún doctor puede sacarlo.
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