Por qué no puedo negarme
cuando me exiges con tu mirada
que acuda a tu necesidad.
Soy cautivo de tu iris dictador
y me entrego al gobierno de tus ojos
que encadenan con su brillo mi voluntad.
Hay un solo momento en el que me siento
liberado del diario juicio que me indaga
con la balanza imparcial de tus pupilas.
Cuando duermes, mi alma se libera y viaja,
recorre la libertad condicional de los sueños
para volver a encarcelarme,
voluntariamente, cuando,
por la mañana,
abres las celdas de tus ojos.
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