(kumpliendo un pedido, psikotropika)
Angeles torturados,
por los castigos
que le inflinge el señor.
Harapientos y ciegos,
por que se han arrancado
ellos mismos los ojos,
como lo hizo Edipo
al descubrir haber fornicado
con su progenitora.
Angeles que dan asco,
vomitando las verdades del mundo,
para que nadie las revele
y sean absorbidas por la nada.
Angeles sucios, desvariando,
que beben la sangre pútrida
de los vencidos,
y se limpian la boca
con vestidos blancos de niñas virgenes.
Angeles toscos,
cuasimodos de mis campanas.
¡Silencio!.
¡Silencio!,
alejense de mi.
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