Aquel lago encantado
de floridas riveras,
de idilios enamorado,
aquel lago de las primaveras.
Asombrose cierto día
de vuestra adolescencia
y una ondina melodía
ofreció a tu presencia.
Oh princesa, no te acerque demasiado
a las márgenes de aguas esmeraldas
que aquel lago ya se ha enamorado
de tus ojos, de tus labios, de tu espalda.
Oh princesa, no des paso descuidado
que aquel lago espejito de la aurora
en su líquido corazón, sabe que te adora
y con húmedos labios tus pies ya ha besado
Oh princesa de cabellos tan dorados y brillantes
que altiva ciñes corona de oro y de diamantes
el príncipe de las estelas de ti se ha enamorado
y convertirte quiere en su esposa, en su amante.
Entonces aquel lago, de amor alucinado
desplegando sus líquidos brazos en una proeza
desafiando a las hadas, los reyes, y a la nobleza
abrió sus verdes puertas para tenerla a su lado.
Y sumergió a la princesa en sus diáfanos dominios
en presencia de árboles, de mariposas y de lirios.
Emergiendo ella de pronto como cisne nacarado,
la más majestuosa y bella ave bajo el cielo azulado.
Y ahora surca en el delta para siempre prisionera
en su mundo de agua, rosas y primavera
la princesa de aquel reino de castillos y hadas
que el lago cristalino hizo su eterna enamorada.
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