No existían causas:
Ni un pez muerto,
Ni una hoja desgarrada,
Solo un epitafio en tus ojos
Escrito con pañuelos blancos.
Se culpó a los inválidos:
A los intrépidos ciegos,
A los morenos cojos,
De la demasía incorrecta
En la casa de tus besos.
Las cárceles se hacinaron
Con hedores sin pasión,
Con caricias de caramelos,
Y colapsaron sobre los barrotes
Que dejó el déspota en tú cadáver.
¿El crimen no paga?
A veces si.
“De unas canciones sobre tus senos”
Macrúz.
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