Entre tiples y guitarras los gritos de las armas se fusionaban con los de los sufridos, las verdes praderas se veían envenenadas por la negrura que dejaban los explosivos, una risa de un niño era ahogado entre los llantos de muchos; la tristeza, la impotencia, y la consternación era las únicas vestiduras de las pieles adoloridas, ya ni siquiera había el miedo, entre morir y sufrir la balanza se veía equilibrada, mi patria yacía tejida de dolores y desesperanzas, en medio de todo este mar de maldiciones, un poeta se levanto arrojando sus versos contra las balas, los soldados uno a uno fueron bajando el ritmo de sus zapateos y dejaban las armas en el suelo para escuchar al poeta, la humanidad dejo de llorar, se les hacia extraño ese olvidado sonido que nacía de las interioridades de las mandíbulas y que a cada ser iban contagiando. |