Tic... tac... tic... tac.
El tiempo se detuvo.
La respiración se cortó unos segundos.
El colapso de lágrimas inesperadas, de confesiones aceleradas.
Tic... tac... tic... tac.
El tiempo sigue.
La mente da vueltas y reafirmando la decisión tomada.
No tengo como culparte porque soy espejo.
Y no sé si algún día, me vea en tu reflejo. |