aquel hombre había encontrado a la mujer que mejor le había tratado, pero constantemente se preguntaba ¿valdrá la pena dejar el amor y aventurarse por uno mejor? sabiendo que, no será facil encontrarse a alguien igual, Dios... ¿Por qué los tormentos?
Pasaban los días y su mente se hallaba en blanco, balbuceaba a punto de poderse ahogar entre su saliba, pero esto le resultaría satisfactorio. Pobre hombre, ni en la sertidumbre hallaba sus respuestas. Trataba de amar y odiar sus recuerdos compartidos con aquella dama, tan delicada, tan fragil. No sabía lo que le pasaba y poco a poco se aorcaba entre sus propias confusiones. Que desperdicio de vida, si es que a eso se le llama vida.
Ya habían pasado semanas en las que el había votado por dejar de comer hasta encontrar sus sentimientos. día a día se fajaba mas ajustado y día con día aquel hombre, confundido por sus propios engaños, sentía morir por no encontrar su respuesta.
Despertó una tarde, vió a su alrededor, recordó su dilema y tiró del gatillo. |