Se esconde el sol tras el horizonte
llevando consigo la luz del día,
trayendo soledad y nostalgia,
insólito colorido de rojizos de mar.
Oleaje indómito que marca territorio
con movimiento pausado,
por momentos estremece
se acelera y clama con fuerza,
hasta estremecer la roca que aguarda paciente,
un poco de su energía,
su danza y su espuma de luz.
La mirada lejana, casi triste, casi alegre
ensimismada en recuerdos,
atrás los cerros con su árida hermosura
de mil colores teñidos, por el astro en retirada
encerrados pensamientos
ya no afloran, ya no cantan
sólo lloran lejanía, sin presencia
sólo un nombre, un recuerdo
sólo ausencia.
Antofagasta no duerme, se siente…
Hoy y Siempre
Pilef ©
Mayo 2006
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